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Jacinto y el avión

Jacinto y el avión

por Lorena Neira Fernández

Jacinto era un niño de seis años, muy divertido, espabilado y atrevido.
Un buen día mamá y papá anunciaron algo increíble: se acercaba Navidad y habían decidido viajar a Laponia y visitar a Papá Noel, Mamá Noel, elfos y renos que allí vivían.
¡Cuánta emoción en casa! Jacinto, nervioso, metía sus juguetes más preciados en su mochila para entretenerse en el avión porque mami ya le había avisado que era un viaje bien largo. Mientras guardaba sus tesoros pensó:

-¡Ja, planazo! Como es un viaje tan largo tendré tiempo de jugar, pintar, dibujar, leer y comer galletas que seguro que mamá compra, como cuando vamos de acampada y estamos en el coche mucho tiempo hasta llegar al camping.

Jacinto se olvidaba de un pequeño detalle: el viaje a Laponia no era en coche, era en avión. Su primera vez en avión. Cuando escuchó los motores arrancando y sintió el avión dar un buen tirón y empezar a levantarse en el aire, blanco, empezó a llorar.

-¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaa! ¡Qué miedo! ¿Y si nos caemos? ¿Y mi maleta? ¿Y dónde está el piloto? ¡Mamáaaaaa! ¡Tú dijiste que había un piloto! ¡Aaaaaaa! ¡Quiero ir a casa!

Lloraba y lloraba, a veces gritando, a veces más bajito según mami conseguía calmarle pero entonces: ¡turbulencias! El avión se movía a golpecitos y Jacinto…

-¡Aaaaaaaaaa! ¡Nos morimos! ¡Aaaaaaa! ¡El avión se cae! ¡Quiero ir a casa! ¡Ya no quiero ir a Laponiaaaaa!

Tanto gritaba que la gente ya empezaba a ver hacia su asiento, nadie entendía sus gritos, el avión no era un lugar terrible, pero Jacinto, asustado, no lo entendía. Entonces vino la azafata y le dijo:

-Cariño, relájate, ¿quieres venir conmigo y ver a los pilotos?

Y claro que quería, porque realmente quería comprobar que había alguien al mando de aquel tremendo bicho volador. Entró en la cabina, aún medio llorando hasta que vio todos aquellos botones.

-¡Woooow! ¡Cuántos botones hay aquí!
-Hola Jacinto, nos han dicho que tienes miedo de volar en nuestro avión, queríamos que estés tranquilo y veas que tenemos todo bajo c…

Según el piloto pronunciaba estas palabras, pi piii piiiiiii alerta, alerta, piiii piiii piiii. Jacinto ya había tocado cinco botones y dos palancas.

-¡Pero niño! -dijo el piloto. ¡Eso no se toca!

Y en menos de dos segundos estaba de vuelta en su asiento.

Y así fue cómo Jacinto supo que sin permiso: no se toca nada porque se pueden enfadar contigo o puedes meterte en un lío, o mucho peor: puedes incluso causar algún
problema. Y que sí, el avión tiene dos pilotos que tienen todo controlado y el avión no se cayó.

¡Y colorín, colorado, con todo este lío a Laponia ya habían llegado!

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