Jacinto y el supermercado _ Cuento para Sana Sanita por Lorena Neira Fernández
Jacinto era un niño de seis años, muy divertido, espabilado y atrevido.
Un buen día su mami le pidió que la acompañara al supermercado para hacer la compra porque en casa ya quedaba poca leche, poco pan y poca fruta. Primero Jacinto
respondió:
-¿Al supermercado? Puaggg, no quiero, prefiero quedarme en casa con la abuela y Lolita jugando.
Pero su mami, muy cariñosamente le explicó que Lolita, su hermana, tenía que dormir la siesta y que sí él se quedaba jugando haría demasiado ruido con la pelota y Lola
terminaría despertándose y llorando a todo pulmón, algo que a Jacinto, no le gustaba nada. Un poco más convencido, se subió al coche y allá que se fueron.
Mami siempre recordaba lo mismo en la puerta del supermercado:
-¡Recuerda no toquetear todo, hay cosas que pueden estar sucias y además no se dejan manoseadas para otras personas que vienen a comprar eso! Ven a mi ladito y ayúdame a coger solo lo que yo te pido.
Pero Jacinto era muy curioso y le gustaba toquetear todo, todo. Verlo de cerca, olerlo, probarlo. Entonces mientras su mami cogía fruta para una bolsa, él pensaba:
-¡Ja! ¡Planazo! Mami está de espaldas y yo aprovecharé estos segundos para toquetear la fruta que está del otro lado.
Ese día Jacinto lamió ciruelas, chupó limones, toqueteó manzanas y olió cebollas, zanahorias y calabacines. Hasta ahí todo bien pero cuando llegó a casa… Le empezó a doler la barriga y las tripas se movían haciendo un ruido muy fuerte como si se hubiese tragado a un gato.
Brrrrrrrr… brrrrrr… Y corriendo se fue al baño. Aquello no paraba, ¡tenía cagalera! Caca y caca toda la tarde hasta que su barriguita dolía tanto que no podía más.
Y así fue cómo Jacinto aprendió que las cosas del supermercado no se toquetean y mucho menos se meten en la boca porque hay que lavarlas primero, igual que nuestras manos al volver de comprar. La mayoría de las cosas vienen con conservantes, líquidos y cosas tóxicas para que no se estropeen durante el transporte hasta que llegan a la tienda y podemos comprarlas.
Y colorín, colorado, ¡lava bien todo lo que has comprado!